En Marzo del 2000, la universidad de Concordia en Montreal fue sede del Coloquio
Internacional Celebración de la Escritura Femenina Contemporánea
en las Américas. Montserrat Ordóñez participaba con
la ponencia Ángeles y Prostitutas: dos novelas de Laura Restrepo.
Después de la emoción del re-encuentro y de su brillante conferencia,
fuimos a almorzar. Estaba radiante. Ese año se abría ante ella
con la promesa de un retiro, que la hacía desde ya saborear, no las mieles
del dolce far niente, porque todos los que tuvimos el placer y el
honor de conocerla, sabíamos que era incansable, sino todo el tiempo
que tendría para dedicarse a sus investigaciones, para leer, para escribir,
para viajar, para lanzarse sin fechas límite a la maravillosa aventura
que la vida fue siempre para ella. Además, me confiaría después,
la rondaba el amor, un colombiano con el que se conocían desde los años
más despreocupados de la juventud, que no se cansó de esperarla,
y que la acompañaba en la mesa. Hablamos de la literatura hecha por mujeres
en Colombia, de Soledad Acosta de Samper, de nuestro país roto, el único
en el que ella podría vivir a pesar de todo, de los estudios que yo acababa
de terminar en Ottawa. Estábamos tan contentas de volver a vernos después
de tanto mensaje apresurado en Internet... Al día siguiente asistimos
a otras conferencias, ella presidió un panel, y pasamos el resto del
fin de semana juntas.
Como regalo de una despedida que llegó más pronto de lo que hubiéramos
querido, me dejó un material de lectura, algunos de sus artículos
y poemas, y un texto que me recomendó de manera especial: un cuento que
su colega y amiga Nina Scott le había escrito como regalo de Navidad
en 1999. Regresó a Colombia, viajó por la India, estuvo en Darmouth
como profesora invitada durante el otoño, pero fue en Montreal donde
la ví por última vez. En Diciembre empezó a irse, repentinamente,
sin quejas ni temblores; sin remordimientos, porque dedicó toda su vida
a aquello para lo que había nacido, la literatura, mientras aquí
nos quedamos mudos, tristes y desconcertados.
Un año después, intentando conjurar su ausencia, me puse a revisar
y a releer los textos que me había dejado aquella vez, y buscando más
bibliografía, me encontré con su página en Internet. Pensé
entonces en traducir el cuento por todo lo que significó para ella y
por otras razones: porque Nina Scott nos habla de una Montse amiga, íntima,
a la que ni la violencia, ni la inseguridad, ni el terrorismo lograron cercenarle
la capacidad de asombro. Montse supo y pudo rodearse del afecto de sus amigos
más queridos para hacer un paréntesis en medio de la desilusión
y renovarse para ser poesía nueva.
Tambièn porque el texto es un bello homenaje a la amistad incondicional
entendida como un velero en el que nuestros afectos navegan por la vida en medio
de fuertes vientos y días de sol; porque con fino humor nos reconcilia
con varios mitos absurdos sobre las mujeres, como el de nuestra rivalidad secular,
al mostrarnos que podemos de hecho trabajar, reír, cuidarnos amorosamente
las unas a las otras y compartir momentos inolvidables; o el de la mujer que
a una cierta edad, ya no está para ciertas cosas. Estas dos
amigas se conocieron alrededor de los 50 y todavía se daban permiso para
explorar nuevos territorios, aprender cosas nuevas, ver el mundo con ojos nuevos,
dándonos un gran ejemplo a las mujeres y a la sociedad.
Porque es una mirada desacalorada, sin juicios ni generalizaciones sobre la
Colombia de los últimos años, caracterizada por la violencia,
el terrorismo urbano, la inseguridad, pero vista a través del filtro
de la amistad que no mide riesgos, no porque no haya miedo, sino porque hay
amor. Finalmente porque el texto propone varios retos para la traducción,
y menciono sólo algunos brevemente: juegos de palabras y las asociaciones
que generan, como el del nombre mismo del pueblo costero en el que se desarrolla:
Friendship, amistad, en español; y a otro nivel friend-ship,
que puede interpretarse como el velero, barco de la amistad, y los
dos elementos están presentes a lo largo del texto en sentido literal
y figurado; el poder sanador de la amistad, en Amistad.
Quiero agradecer a Nina Scott por autorizarme a traducir su cuento, por la revisión
y sus comentarios a la versión en español, y a la Asociación
de Colombianistas por publicarla.
Te dejo entonces Montse este regalo porque me haces mucha falta, y a todos los
que te conocieron, para que juntos conjuremos tu ausencia recordándote
siempre.
Anna Maria Salvetti
Ottawa, Canada