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Palabras de Agua
   Alba Lucía Tamayo García

"Palabras de Agua" muestra las vivencias, conocimientos, reflexiones y búsquedas poéticas de una artista, en el proceso creativo, la naturaleza, la espiritualidad, la magia, el misterio, el amor, la muerte y la libertad. Es una selección de poemas escritos durante veinticinco años, que registran la experiencia vital de una mujer que imprime sus huellas en el fluir constante del agua, como un ciclo de memoria - olvido - renacimiento- iluminaciones.

 
Alba Lucía Tamayo García
nació en Tuluá en el año de 1954. Desde temprana edad se relacionó con los libros, las lecturas, la escritura, la poesía, la política y muchas vivencias e interrogantes propios de su generación de la década de los setenta, que han alimentado su proceso creativo.

Ha estudiado Letras en Popayán, Cali y Ciudad de México. Profesional en Letras, escritora, investigadora, con amplia experiencia en gestión cultural, en procesos de transformación y mejoramiento de la calidad de la educación y facilitación de procesos comunicativos y sociales. Es miembro permanente del Colectivo de mujeres que publica anualmente en la ciudad de Cali, el Libro - Agenda Mujer, desde el año 1998.

 
Palabras de Agua, de Alba Lucía Tamayo
 

Efectivamente estamos ante el agua que refresca la sed y que suscita un continuo beber. Los poemas de Alba Lucía, nos entran y nos sacan de la poesía con su fuerza ligera, como una constante invitación a degustarlos, a leerlos de nuevo. Son poesía corta, cotidiana, punzante. Son poesía de la que en regresos perennes colorean la vida y descubren a quien se acerca a ella, esa otra cara del espíritu humano, la cara que tantas veces se oscurece en un mundo que ha parqueado lo bello, ignorándolo porque no cotiza en los valores del mercado.

Su Huellas II, nos puede facilitar la entrada, al mundo de este libro:

Nuestros ojos
han soportado
la inmovilidad
de la muerte
Hemos abierto
las puertas prohibidas
Hemos arrojado el corazón
a los zopilotes
y todavía
continúan nuestras entrañas
enamoradas del misterio.

Este poema, con la economía de palabras que caracteriza a la autora, nos introduce al mundo del camino del hombre y la mujer del siglo XXI: el corazón humano devorado por los zopilotes, esos buitres feroces que acaban con su presa en poco tiempo, después de haber pasado por la muerte y haber roto las prohibiciones… la vida que se pierde, que se entrega, se acaba, pero en medio de ello, más allá de una aventura que estremece, ese corazón humano permanece preso del misterio, de la angustia.

 

A través de estos 90 poemas cortos, a veces su lectura dura sólo un suspiro, la poeta nos introduce una vez más al mundo de las vivencias, de los corazones, de los sentimientos que a través de los siglos pueblan el horizonte de hombres y mujeres y regresan siempre: los cuerpos y los amantes que se buscan, la muerte y sus preguntas, el paisaje que acoge o que rechaza, la duermevela que no logra expresarse, el amor-desamor… los destinos mujeres. La bruja es una figura, una imagen que habita el claroscuro de las palabras de Tamayo.

La lectura se abre y se cierra por cualquiera de las páginas, retomando siempre el hilo de sentimientos y destinos y de pronto en alguna de las páginas encontramos de nuevo la totalidad:

Libreto:
El tiempo se fuga entre mis dedos
y yo con las mismas ausencias
La piel dispuesta
a otras formas
que la enamoren de nuevo
Discurro en este acontecer ciego
asisto a este deambular universal
donde los personajes
sin reparto
esperan lo que nunca
ha de llegar.

 

Ese deambular universal en busca del amor, un amor que parece terminar irremediablemente en desamor, esa piel que se llena primero para vaciarse luego, esa piel que espera de otras formas que la enamoren otra vez… y el título –libreto- nos habla de ese destino del cual los humanos y humanas no nos podemos evadir.

 

Resuenan también en estas páginas, ecos de otras culturas… rezagos del mundo indígena, al que se nos invita por medio del juego de palabras y sonidos que permite recuperar coros y corros de otros rumbos.

Igualmente la muerte y la tierra que desde ella nos llama –húmeda y tiernamente- y nos acoge. Desparecido el temor? Desaparecida la angustia? La muerte es en ocasiones evocación fugaz, llamada amiga, oración o plegaria que despliega su inmensa seducción, su imponente condena. La muerte se diluye en la tierra: Primera y última morada / polvo sagrado / siempre vemos el camino / que nos conduce a ti. La tierra es nuestra sombra.

La poeta nos lleva hacia adelante y hacia atrás en sus vivencias del mundo, como dice Betty Osorio en el prólogo: La hablante lírica de este poemario contempla un cosmos en movimiento que surge de las profundidades de la memoria. Pero igualmente otros movimientos surgen de una mirada hacia adelante, hacia el futuro ignoto que nos aguarda al cruzar de la esquina.

No queda más, sino invitar a las lectoras y lectores a que se sumerjan en este mar de agua y luminosidad que son las poesías que tiene frente a sí.

 

 

Carmiña Navia Velasco
Santiago de Cali,
en la lunas de Octubre

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