Premios

Premios otorgados en el XVII Congreso
de la Asociación de Colombianistas

"Narrar Colombia: Colombia narrada"
Universidad Industrial de Santander 3 al 5 de agosto de 2011

 

 Tesis Doctoral Primer Premio:

Las mujeres re-escriben la nación: la violencia de género en las narrativas colombianas, 1950 – 2004
Annie Mendoza

 Tesis de Maestría Primer Premio:

Cuerpo en el arte colombiano contemporáneo
Pedro Antonio Agudelo Rendón

 Tesis Doctoral Mención de Honor:

La representación de la violencia política, en tres novelas colombianas de la segunda mitad del siglo XX
Marta Cecilia Lora-Garcés

 



 Tesis Doctoral Primer Premio:

Las mujeres re-escriben la nación: la violencia de género en las narrativas colombianas, 1950 – 2004
Annie Mendoza

Mi tesis, titulada Las mujeres re-escriben la nación: la violencia de género en las narrativas colombianas, 1950 – 2004 (Women Rewriting the Nation: Gendered Violence in Colombian Narratives, 1950-2004), es un análisis de la emergencia de novelas feministas en Colombia. Las obras son inspiradas por tres etapas históricas interrelacionadas: la masacre de trabajadores de las plantaciones bananeras en la costa caribeña en 1928, la época conocida como "La Violencia" de mitad de siglo y finalmente la llamada "Drug Wars" de los años ochenta que se llevó a cabo en las ciudades principales del país. Mi investigación revela cómo, a lo largo de seis décadas, varias escritoras colombianas se desconectaron de la producción literaria femenina tradicional para llamar atención a diferentes, pero interconectadas, entidades de violencia que ha sufrido la mujer colombiana a resultado de hostilidad nacional.

Las novelas que examino en esta tesis—El hostigante verano de los dioses (Fanny Buitrago 1963), Estaba la pájara pinta sentada en el verde limón (Albalucía Ángel 1975), La multitud errante (Laura Restrepo 2000) y Delirio (Restrepo 2004)—presentan la construcción del individuo según el transcurso de la violencia. Al ofrecer nuevas preguntas en cuanto a las versiones oficiales de la historia de la violencia, estas novelas presentan la complicada búsqueda de identidad.

La definición de "feminismo" que empleo en este proyecto se preocupa por la heterogeneidad de la experiencia de las mujeres. Por ende, las novelas son "feministas" en tanto que dependen del desarrollo de un punto de análisis que se preocupa por no sólo la cuestión de género, sino también por las cuestiones de clase y de raza al presentar la experiencia femenina. Propongo que estas escritoras perciben una sociedad en donde las relaciones igualitarias entre mujeres—a pesar de identidades raciales, de clase o de orientación sexual—les permite sobrepasar sus situaciones violentas y ponerse a cargo de una transformación social.

Mi análisis tiene dos propósitos fundamentales. Primero, demuestro que las novelas que mantienen la agencia femenina como preocupación principal del texto se definen por la experiencia de muchas mujeres dentro de los períodos de violencia en Colombia. Las novelas feministas utilizan innovación formal y experimentación narrativa que representan una ruptura definitiva con las pasadas tradiciones literarias, para así representar de manera novedosa a la violencia perpetrada contra las mujeres en específico: el desarraigo forzado, las violaciones y asaltos como modo de amenazar a comunidades enteras, el abuso psicológico y físico dentro de los parámetros domésticos, y la prostitución forzada, entre otras circunstancias perturbadoras.

Mi segundo propósito es revelar cómo la ideología recurrente que da pauta a la violencia patriarcal es desafiada por la narrativa feminista. En general, este desafío es relevante no solo para los estudios feministas en sí, sino también para los estudios literarios y latinoamericanos en general. En Las mujeres re-escriben la nación: la violencia de género en las narrativas colombianas, 1950 – 2004, analizo la historia de Colombia desde finales del siglo diecinueve para proponer que los términos "género," "violencia" y "nación" son fundamentales al analizar la narrativa feminista cuyo objetivo es "re-escribir" la historia de la nación, como el título de mi tesis implica.

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 Tesis de Maestría Primer Premio:

Cuerpo en el arte colombiano contemporáneo
Pedro Antonio Agudelo Rendón

El cuerpo no sólo ha sido un motivo artístico sino, también, un asunto de reflexión para los artistas y para las academias. Hablar del cuerpo es pensar en algunas de las formas, motivaciones y estrategias por medio de las cuales los sujetos se relacionan con el mundo. En la historia del arte la mirada académica y tradicional del cuerpo ha sido subvertida por trabajos artísticos contemporáneos, dentro de los cuales se pueden destacar las propuestas de artistas europeos de la década del cincuenta, y recientemente, obras colombianas de gran importancia a nivel mundial. "Presencia e imagen. El cuerpo en el arte colombiano contemporáneo, 1970-2007" (Agudelo, 2010) es una investigación que se centra en el arte colombiano contemporáneo, haciendo un análisis de varias de estas obras.

El trabajo gira principalmente sobre la manera como aparece el cuerpo en las obras de artistas contemporáneos como Darío Morales, Rosemberg Sandoval, Fernando Arias, Óscar Muñoz, Luis Morales, María Teresa Hincapié, Luis Caballero y Lorenzo Jaramillo. El punto de partida es la pregunta por el cuerpo después de la modernidad, por lo que se hace una reflexión sobre la presencia y la representación de lo corporal en las poéticas de cada uno de estos artistas. Se parte de la década del setenta, pues en ésta se inaugura lo que, en palabras de Londoño (2005), se denomina poéticas del cuerpo. Para nuestro caso son importantes obras como las de Caballero, especialmente la obra con la que el artista ganara la I Bienal Iberoamericana de Pintura en 1968; las de Darío Morales, y las obras que, en los primeros años de la década siguiente, desarrolla el performer Rosemberg Sandoval.

A nivel internacional y "enmarcado en la lógica de la desmaterialización de la obra de arte, el Body Art o arte corporal empezó a consolidarse como un movimiento internacional a principios de 1970, aunque ya desde 1964 en experiencias aisladas, como las de Piero Manzoni o las de los Accionistas vieneses, el cuerpo se convirtió tanto en soporte, como en materia de la obra de arte" (Guash, 1997: 197). Y, por esta misma razón, es justo decir que Sandoval es un pionero del performance en el arte colombiano, no sólo por su trabajo constante en el campo sino también porque en su caso aparece la idea de un arte comprometido políticamente.

La producción artística nacional está impregnada de las múltiples realidades del país, pero al tiempo está determinada por una reducida valoración de su significado en el contexto de la vida nacional. De ahí la necesidad de pensar la manera en que el arte colombiano se articula con otras visiones artísticas a nivel internacional, y la forma en que los artistas vinculan aspectos nacionales en sus obras, permitiendo hablar de un arte colombiano contemporáneo en el que el cuerpo tiene un lugar preponderante, en las perspectivas clasicistas y en aquellas otras más recientes.

El periodo que va de 1970 a 2006 comprende espacios significativos a nivel sociocultural e individual. Lo primero, porque Colombia ha pasado por una década de gran madurez en su arte; se destacan artistas figurativos, como Beatriz González, y con un gran sentido crítico; surgen artistas calificados de hiperrealistas, y otros con una mayor dosis de intensidad expresiva. Lo segundo, porque algunos artistas destacados pasan por momentos importantes: Miguel Ángel Rojas plantea una obra en la que el cuerpo aparece en la "intimidad" del espacio urbano; Luis Caballero consolida una idea del cuerpo desde una mirada más académica. Del mismo modo, la ubicación de este periodo permite articular artistas nacionales con los desarrollos internacionales del arte, de un lado; y de otro, abre la posibilidad de análisis del cuerpo en el arte nacional en su vínculo con perspectivas teóricas, sociales y culturales que surgen después de la modernidad. De acuerdo con lo anterior, José Alejandro Restrepo crea una poética coherente con una perspectiva contemporánea del arte; mientras que en Lorenzo Jaramillo hay una perspectiva expresionista, contemporánea e irreverente que plantea una mirada del cuerpo entre lo expresivo pero que no alcanza a ser grotesco; por su parte, en Luis Caballero predomina la visión clásica sobre la moderna. Esto pone de relieve que en la modernidad la representación y la presentación del cuerpo sufren transformaciones. Para el caso de Colombia son importantes las nuevas concepciones sobre el cuerpo que se pueden leer en los artistas cuyos trabajos estéticos están vinculados a problemas nacionales, o en aquellos otros en los que las propuestas artísticas se centran en la pregunta por la modernidad.

Después de los 60's, cuando se declara un tiempo diferente a la modernidad, con otras características, con otras marcas y manifestaciones, la representación del cuerpo sufre nuevos cambios. Algunos de los factores que contribuyeron a ello son el desarrollo del cine, el video, la fotografía, así como nuevas formas de expresión artística distintas a la pintura y la escultura, como el performance. De igual manera, son importantes los nuevos discursos que tratan problemas de género, de etnicidad, de multiculturalidad e interculturalidad. Preguntar por lo que pasa con el cuerpo en Colombia después de la modernidad hace posible comprender algunas de las principales transformaciones en la concepción y representación de la corporeidad en el arte nacional.

En los artistas colombianos la presencia del cuerpo en el arte ha estado íntimamente vinculada a los conflictos y problemas del país. Las reflexiones sobre la violencia, sobre las relaciones de poder, del colonialismo y la dominación, marcan una fuente de despliegue artístico. Los efectos de la violencia quedan inscritos en el cuerpo y así levantan conceptos, sensaciones, perceptos y afectos que hacen de la memoria una posibilidad para preguntarse por el devenir del cuerpo, pero también por su lugar en la historia del arte en Colombia.

De otro lado, en este país, tanto la representación del cuerpo como el cuerpo en su vínculo estrecho con la sexualidad, la violencia o la religión, han tenido un lugar importante. Piénsese, por ejemplo, en las obras de artistas como Alipio Jaramillo, Enrique Grau y Alejandro Obregón, testigos de las matanzas del 9 de abril de 1948 en Bogotá. Ellos presentan en sus obras versiones de tales acontecimientos a través de un lenguaje pictórico particular, en el que muestran escenas relacionadas con los disturbios del momento. Otros artistas, también de manera figurativa, como Carlos Granada, Norman Mejía y Luis Ángel Rengifo, entre otros, aluden a la violencia y al soporte por excelencia de la misma: el cuerpo. Por su parte, artistas como Miguel Ángel Rojas, Rosemberg Sandoval, Óscar Muñoz y José Alejandro Restrepo, entre otros (que aquí llamamos contemporáneos), hacen referencia al mismo tópico, pero esta vez desde una mirada distinta sobre el arte, al punto que no sólo plantean reflexiones sobre el contexto nacional sino, además, sobre los medios, elementos y soportes empleados para la producción artística.

Bibliografía

Agudelo, Pedro (2010): "Presencia e imagen. El cuerpo en el arte colombiano contemporáneo, 1970-2007". Medellín, Universidad de Antioquia.

Londoño, Santiago (2005): Breve historia de la pintura en Colombia. Bogotá: Fondo de Cultura Económica.

Guasch, Anna María (1997): El arte del siglo XX en sus exposiciones. 1945-1995. Barcelona: Serbal.

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 Tesis Doctoral Mención de Honor:

La representación de la violencia política, en tres novelas colombianas de la segunda mitad del siglo XX
Marta Cecilia Lora-Garcés

La historia política colombiana, en la segunda mitad del siglo XX, ha estado atravesada por el conflicto armado interno que ha vivido, desde finales de los años cuarenta. Además de haber estado enmarcada por el referente dominante de la violencia política, desencadenada por diferentes tipos de actores, llámense bandoleros, guerrilleros o paramilitares que, en las últimas décadas, han establecido alianzas con el poder financiero del narcotráfico.

En la tesis, me propongo explorar la trama de la violencia política colombiana, desde 1948 hasta 2010, en tres novelas y en seis obras pictóricas seleccionadas, dentro del gran repertorio existente, en el ámbito de las letras y de la pintura, relacionado con el tema mencionado. En ese sentido, refuto el planteamiento de Gonzalo Sánchez, en Guerras, memoria e historia, cuando asevera que Colombia ha vivido en un "déficit de narración", o en una falta de "capacidad expresiva", para dar cuenta de los "muchos aspectos asociados a los temas de la memoria, la crueldad, el dolor, el miedo, el desarraigo y tantos otros que atraviesa nuestra cotidianidad". Considero que el tema de la violencia política ha sido una constante, en la narrativa literaria y pictórica colombiana, y ha seguido, en forma paralela, con la conciencia política de los ciudadanos, al menos en su representación simbólica. Al mismo tiempo, en la tesis, intento descifrar los sucesos violentos por los que ha pasado el pueblo colombiano, en sus últimas décadas, llevando a cabo una nueva reflexión. Aspiro a desmontar la afirmación de la ubicuidad de la guerra, como un "hoy" sempiterno, como un continuum bélico, según lo han venido aseveran algunos investigadores de las ciencias sociales.

Las obras literarias que he escogido para analizarlas, en los capítulos, representan tres momentos específicos del acontecer histórico-político colombiano. Ellas son: El día del odio (1952), de José Antonio Osorio Lizarazo; Cóndores no entierran todos los días (1972), de Gustavo Álvarez Gardeazábal, y Los ejércitos (2007), de Evelio Rosero.

Asimismo, opto por tomar seis pinturas, para acompañar los análisis de las obras literarias, cuyas imágenes tienen relación directa con la temática central de cada uno de los capítulos de la tesis. Las pinturas escogidas son: las acuarelas, Masacre del 9 de abril (1948) y La danza (1948), de Débora Arango; el óleo Autodefensas (1950), de Alipio Jaramillo; la acuarela Dos mujeres en vigilancia nocturna (1956), de Pedro Nel Gómez; y los óleos, Masacre de Mejor Esquina (1997) y Masacre en Colombia (2000), de Fernando Botero. Me propongo plantear, a través de las pinturas, nuevos acercamientos a las materias estudiadas, y, de esa manera, complementar los análisis que realizo de las novelas.

Conjuntamente, en la tesis, pongo a dialogar el corpus literario y pictórico seleccionados, con la historia y la filosofía política, demostrando cómo la literatura y el arte, considerados como espacios privilegiados de la pluralidad, permiten comunicarse con diferentes disciplinas, desde otros dominios discursivos, enfoque que facilita y amplia la comprensión de los hechos históricos investigados.

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